| Oráculo |
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A partir del año 2008, los carthagineses ofrecemos dos guiones para un acto donde las mujeres carthaginesas son las protagonistas. La aparición de un segundo guión posibilitará el poder alternar su representación en diferentes años festeros.
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Himilce, la princesa íbera que llegó a Qart Hadast de la mano de Aníbal, tiene sueños perturbadores y premonitorios. Al igual que el resto del pueblo se acerca al Templo de Tanit para solicitar al oráculo una respuesta a sus sueños y a sus miedos de mujer, esposa y madre púnica. Aníbal ha marchado hacia Sagunto e Himilce teme por su esposo. En el templo las sacerdotisas hacen las invocaciones y realizan los ritos necesarios con los cuatro elementos, tierra, fuego, agua y aire para que el Sumo Sacerdote inicie la ceremonia. Todo el pueblo acude a rogar a la diosa madre Tanit que les conceda sus deseos, escuche sus plegarias, y que los dioses les otorguen sus bendiciones. Himilce no acude como señora de la ciudad, acude como una mujer más a pedir a la diosa por Aníbal, por su ciudad y por el futuro común de todos los cartagineses. Ella es la señora de la ciudad, pero también es una mortal que necesita conocer su futuro, su destino. La princesa lleva unas noches soñando con fuego y destrucción, pero también con luz y con esperanza. Necesita del consejo del Sumo Sacerdote y escuchar, en boca de la Pitonisa, qué le depara el destino. Por cada miedo, por cada temor de Himilce, la Pitonisa le ofrecerá consuelo, esperanza y futuro. Un futuro para ella, para Aníbal y para toda la ciudad de Qart Hadast que, como la reina Dido, supo resurgir de sus cenizas más fuerte y poderosa. El Oráculo simboliza la esperanza de todo un pueblo por seguir siendo parte de la historia y de unos festeros que se ilusionan y nos ilusionan el martes de fiestas haciéndonos ser cómplices y a la vez partícipes en “hechos que pudieron suceder en Qart Hadast hace más de 2200 años”. |



