| Rosa Juaneda |
|
|
|
Rosa JuanedaGran Dama de Carthago 2008Rosa Juaneda amaba las fiestas por encima de casi todo. Fue una de sus creadoras, ya que era presidenta del Centro de Iniciativas y Turismo (CIT) cuando en este se planteó la necesidad de crear unas fiestas singulares para Cartagena. No lo dudó ni un segundo. Se puso manos a la obra con pasión y esfuerzo, que era de la única forma que ella sabía hacer las cosas. Conocía Moros y Cristianos, ya que nació en Guardamar del Segura, y adoraba la Semana Santa, en la que también participaba activamente, pero ella quería construir algo diferente y único para su ciudad y, junto con otros grandes festeros, puso en marcha la que sería la gran Fiesta del Mediterráneo, Carthagineses y Romanos. Fue la primera abandera de tropas y legiones, algo que la llenaba de orgullo y que no podía olvidar ya que el salón de su casa lo presidía una gran foto de aquel momento. Su currículo profesional es largo, ya que fue concejala municipal, diputada nacional, profesora, escritora e historiadora, entre otras muchas cosas. Siempre trabajó mucho y muy duro por su ciudad. Dedicó años enteros de su vida a engrandecer estas fiestas. Fue vicepresidenta de la Federación de Tropas y Legiones de Cartagineses y Romanos y otros muchos cargos, aunque sin lugar a dudas el más importante para ella era el de cronista, del que se sentía especialmente orgullosa. Conocía al dedillo la historia de cada uno de los grupos festeros y los elementos que los distinguían. Se declaraba abiertamente carta-romana y lo demostraba porque narraba con la misma pasión el Circo Romano para una retransmisión por Televisión Española, que las Bodas de Aníbal e Himilce. Fue la fundadora de la Tropa Lanceros Hoplitas Libios, la niña de sus ojos. Tampoco podemos olvidar que escribió grandes textos para Cartagineses y Romanos, como el único y singular Oráculo de la Diosa Tanit que hoy en día continúa representándose. Pero sin lugar a dudas, lo mejor de Rosa como festera era que siempre estaba ahí para escribir un guión para un acto en el que iban a participar trescientas personas, como para subirse a una escalera para colocar la tela que decoraba el interior de su campamento. Siempre se podía contar con ella. Escribió numeroso artículos para las revistas de casi todos los grupos festeros, ayudó a organizar la mayoría de actos y desfiles y colaboró en todo aquello en lo que se solicitó su ayuda. “No lo puedo evitar. Es que son mis fiestas”, decía tras exhaustas horas de trabajo para que todo estuviera listo en septiembre.Sin lugar a dudas, una Gran Dama de Carthago. |


